La musica.


Temprano para mi. Las 11. Ganas de un vaso de cola-cao con galletas napolitanas.
La mesa redonda de madera que estaba junto aquel cuadro, de aquella habitacion, de aquel piso de cuentame.
Encima de ella, el vaso de cristal con 2 cucharadas y media de cola-cao disuelto, un paquete de galletas recubiertas de azucar y canela.
Junto a la mesa, yo.
Las vistas alcanzaban a todo tipo de mentes, un cutre edificio de cutre ladrillos, o un sin fin de vidas e historias al otro lado del cristal.
La luz rasgada de un invierno a las 11 de la mañana.
Si, porque no, la imaginacion volaba a la vez que las galletas se iban reblandeciendo despues de mojarlas en aquella leche fria, desnatada y de marca blanca.

Un arrepentimiento, un agobio, un malestar, una sonrisa, un recuerdo, un.
Soledad que me suscita a amar la soledad.
Silencio puro y frio.
Frio, sobre todo frio.
Una camiseta finita, un pantalon anchon de cuadros pijamoide.
El pelo, con una coleta por supuesto.

Pero faltaba una cosa.

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gorros de lana.